Es de oro el silencio. La tarde es de cristales azules teñidos por una lluvia susurrante. Una lluvia minimalista que despierta a las adormecidas nubes con lágrimas alegres. Pero pronto la oscuridad tempestuosa y furiosa, devora los resquicios de luz ambarina y vespertina.
Los ojos añiles se esconden entre pliegues parpádicos aguardando a la noche infectada de gotas suicidas, aguardando esas marcas marfíleas que tras 7 segundos de silencio, rugen enfurecidas...y que al igual que las pomposas y sibaritas nubes, dibujan formas de leyenda...

