sábado, 28 de noviembre de 2009

Imaginaos

Imaginaos un ser capaz de hablar, de caminar, de razonar. Capaz de sonreir y de destruir...pero incapaz de amar. Esto es más común de lo que os imaginais, hay muchos seres incapaces de amar de verdad, la peculiaridad de nuestro personaje es que es consciente de que es incapaz de hacerlo y muere a cada rato, intentando amar, intentando comprender que implica hacerlo.

Cual doctor escentrico con risa escandalosa, recompone al ángel al que entregaria sus más tímidos besos, esos que rozan de casualidad bajo la lluvia, más allá de cualquier epidermis. La imagina con los ojos de aquella persona, los andares de aquella otra, con las palabras de todos los libros y la voz con todas las notas posibles.

Se despierta por la mañana, suplicando que los minutos se alargen. No huele ni el café ni nada parecido de lo que pueda habitar una mesa mañanera, él no es de los de desayunar, prefiere cambiar de posición en la cama e interpretar el papel de personaje durmiendo, el atrezzo es perfecto y el maquillaje impecable...a lo único que tiene que estar antento es a no abrir los ojos...y así se puede imaginar en una cama que supere la anchura de su nicho común, sustituir el abrazo de las sábanas por uno más humano y sonreir hasta que las agujas dichosas le miren mal, diciendo que ya es hora de despertarse y esta vez de verdad.

Realmente todo esto ocurre en su imaginación, pero el salto a la realidad es exponencial, se contenta con caminar con aires de pensador frustrado, y escribir en el aire, e imaginar que algún día dejará de lado su papel de vodevil, se quitará esa máscara duendistica y se permitirá como capricho, hablar con el corazón.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Demasiadas personas tienen miedo a amar...

Es precioso

Hedoné dijo...

A veces nos hacen tanto daño que decidimos ponernos una máscara para protegernos pero no nos damos cuenta de que no sirven de mucho, pues trade o tempranos e acaba cayendo y dejamos paso a otras nuevas pasiones.
Tarea nada fácil, lleva su tiempo.

Seph~ dijo...

Me da pena y miedo... Tengo miedo a la oscuridad, a los sitios cerrados, a las arañas y a eso mismo.

Quimérica dijo...

A veces amar no cuesta por miedo a los demás, sino a enfrentarnos a nosotros mismos: a mirar desde dentro, donde somos vulnerables, y entender por qué no encajan según qué piezas.
El problema es que la mayoría de las veces el atrezzo y el maquillaje son perfectos para escudarnos en la indiferencia un día más.

Me ha encantado lo de la epidermis

Buen blog ;)
Tanto como el otro. Gracias

Anónimo dijo...

El mundo es un teatro en el que la orquesta se encierra en un bis, infinitamente circular. En él,un eterno baile de máscaras, una reverencia, cambios de pareja y vuelta a empezar. No es tan común entre los mortales, aquel con asaz valor para mostrar su rostro desnudo y asumir su parte y culpa en esta absurda función. Y vamos pelándonos de máscaras y máscaras, con lágrimas, cual si de capas de cebolla se tratase.