lunes, 24 de diciembre de 2012

Todo es eventual


Hay historias que se cuentan muchas veces, algunas se cuentan a los niños, como la del origen de la tribu o sobre lo que se puede o no comer, historias prácticas.
Hay historias que los hombres se cuentan por la noche en sus cabañas; cuentos vulgares, sobre el lagarto que perdió su miembro, o sobre el embaucador que vendió estiércol de mono al Rey León diciéndole que era el alma de la Luna.
Hay historias que la tribu entera se cuenta en festivales, en fiestas, la de la roca que saltó o de cómo vino el fuego y mil más.
Hay una contada sólo una vez.
El joven aún siente dolor por la circuncisión, pero lo soporta con el orgullo de su nueva virilidad, cuando vuelva a la tribu, será un hombre, habrá oído la historia, esa noche dormirá en la cabaña de los hombres.

Hace mucho tiempo, existió una ciudad de cristal que gobernaba una reina, se llamaba Nada. Cuando alcanzó los 16 años era la mujer más hermosa que el Sol hubiese visto nunca en sus viajes por el cielo.
Gobernaba sabiamente, y bien, y si decía "haced ésto", se hacía. Pero no tenía marido, porque cuando las mujeres de la tribu le decían que debía tomar marido, ella se apartaba y preguntaba:

- ¿Y dónde está ese hombre? -... y las mujeres callaban todas.

Un día, un extraño llegó a la ciudad, era alto, vestía de negro y en su capa danzaban llamas, en sus ojos había estrellas y pozos de agua oscura. Y no dijo nada a nadie.
Pero esa noche llegó al pie de la torre de la reina (en ésa ciudad las casas llegaban al cielo) y alzó la vista. Y Nada miró por la ventana, y le vio abajo, y le robó el corazón.
Esa noche la reina no durmió.

Al llegar el alba, ordenó que le trajeran al extraño, pero no lo encontraron en toda la ciudad.
La reina ordenó a los hombres que salieran a buscarle, y buscaron por bosques, montañas y desiertos. Pero no le encontraron. Y Nada lloró por dentro. Había encontrado a su amor, y lo había perdido.
Fue al bosque para encontrar al Rey Pájaro. Y le contó su historia.

- Sea hombre o sea dios lo encontraré para tí, Nada ¿Acaso no somos ambos rey y reina? - Y el gran pájaro convocó a todos los pájaros a su trono y les preguntó:

- ¿Habéis visto al hombre? - y todos contestaron "No" hasta que pareció no quedar ninguno.
Pero había un pájaro, un tejedor blanco, tan pequeño que no le veían.

- Pequeño tejedor - dijo el Rey Pájaro - ¿Has visto al hombre?

El pajarito asintió, lo había visto una noche bajo la luna. Le había sonreído y le había dado un grano para comer.
Luego desapareció.
El Rey Pájaro asintió.

- No es hombre, ni dios, sino otra cosa. Olvídalo, Nada, encuentra un hombre de carne, hueso y piel, éste nunca podrá ser tuyo - Y Nada bajó la cabeza y se fue del lugar, pero el tejedor la siguió y le dijo:

- He oído que en la montaña del Sol crece un árbol, y que en él, crecen bayas de fuego, y si un humano se traga una baya, le llevará al lado de su verdadero amor.
- ¿Cómo puedo conseguir una baya de ése árbol? - preguntó Nada.
El pajarito le dijo - Yo te la traeré.

El pajarito voló hacia el cielo, tan alto que no se le veía. Mientras, la reina esperaba. Esperó un día y al acabar el día, vió una mota en el cielo, sobre ella. Era el tejedor, pero el corazón del Sol lo había tostado y era de un marrón oscuro. En su pico traía una baya del árbol que crece en la montaña del Sol. El tejedor dejó caer la baya en llamas a los pies de Nada.

La reina fue a su habitación y se tragó la baya de fuego, que le quemó la garganta, y cayó en una especie de sueño profundo... y su alma la abandonó y su espíritu se fue andanddo, le parecía estar en un mundo oscuro.
Vio a dos hombres, hermanos que discutían, empezaron a pelear. Al fin un hermano mató al otro y se marchó camino abajo. Ella le dijo al hermano muerto:

- ¿Qué lugar es éste?
- Es el mundo de los sueños, señora - le contestó. - El reino del sueño y de los sueños, que gobierna Kai'ckul, su señor. Ésa es su casa.

Fue hacia la casa y entró en ella, los guardianes la dejaron pasar porque sentían en ella la baya ardiente.
En la sala del trono vio a Kai'ckul, señor de los sueños, con la cabeza oculta le dijo:

- ¿Quién eres?¿Por qué has venido?
- Busco a un desconocido a quien amo. Las llamas bailan en la oscuridad de su capa y sus ojos son estrellas en pozos profundos. Una noche vino a mi torre y me miró, pero no dijo nada.

Entonces Kai'ckul se quitó el yelmo y ella reconoció al desconocido que había visto al pie de su casa en la ciudad de cristal.
Y se le partió el corazón, pues había confesado su amor a uno de los Eternos, que no son dioses ni morirán como dioses. Y en las estrellas de sus ojos vio que él también la amaba.
El terror la atenazó. Y tosió y tosió hasta que escupió la baya del árbol que crece en la montaña del Sol. La tosió en el suelo de la sala del trono del señor de los sueños.
Y despertó en su habitación.  El señor de los sueños estaba junto a ella.

- ¿Por qué me buscas? - Le preguntó...- ¿Por qué huyes?
- Te busco porque te amo más de lo que un hombre mortal ha sido nunca amado. Y huyo porque un mortal no puede amar a un Eterno.

Pero Kai'ckul negó con la cabeza.

- Nadie me ha amado como para buscarme... Nunca he visto a otra mujer a la que quisiese para mí. Nos casaremos, Nada, y serás la reina de mi mundo de los sueños... para gobernar los sueños de quienes sueñan conmigo, juntos para siempre, sin morir nunca como mueren los humanos. Y lo juro por el rubí de mi pecho.

Y Nada se asustó de muerte. A pesar de que le amaba, sabía que no podía pasar, y no podría afrontar la destrucción de él, ni la suya.
El amor no es de los sueños, el amor pertenece al Deseo, y el Deseo siempre es cruel.
Nada tomó la forma de una gacela y corrió hasta no poder más. Pero él la persiguió como un cazador y mató a la gacela.
Ella recobró su forma y corrió hasta el yermo. Él la persiguió. Ella subió a una montaña. Él también.
"Me quiere como esposa" Pensó ella, "Sin mi virginidad no me querrá" Y con una roca afilada se desgarró el himen... y derramó sangre virgen sobre la tierra. Donde cayó, nacieron flores rojas.
Se volvió y Kai'ckul estaba ante ella.

- Ya no soy virgen - Dijo ella.
- No soy mortal, te amo como ningún mortal podría amar... ¿Qué me importa tu cuerpo? - Y tocó su sexo con la mano y ella se curó, y el dolor desapareció, y la herida cicatrizó, aunque no recuperó su himen. Él tomó su mano, la envolvió en su capa oscura y allí, entre llamas y oscuridad, hicieron el amor.
Pasaron juntos toda esa noche, y toda criatura que soñara, soñó esa noche con su cara, su cuerpo, el sabor ácido y salado del sudor y la piel de Nada... Y toda criatura que soñara, soñó esa noche con amor.

Al salir ésa mañana el Sol y verles juntos, supo que había ocurrido algo prohibido. Y una bola de fuego cayó y quemó la ciudad de cristal, la aniquiló y dejó sólo un desierto.
Desde lo alto de la montaña, Nada vio la bola de fuego del Sol, vio fundirse su ciudad, vio su tierra quemada y yerma.

- Ésto es por lo que hemos hecho - Le dijo a él, - Y aún será peor si me quedo junto a ti.

Y como hacen los amantes, tomó la mano al señor de los sueños, su amante. Se abrazó a él. Y soltó su mano, y antes de que él se diera cuenta, Nada saltó de la montaña. Y murió, con su cuerpo destrozado contra las rocas.

Cuando Nada murió, su espíritu despertó en el límite del reino de la Muerte. Y supo que había alguien detrás suyo. Se giró y ahí estaba el señor de los sueños.

- Me has hecho daño. Pudiste ser mi reina, pero escogiste el reino de la abuela Muerte - Nada bajó la cabeza.
- Una vez más te ofrezco mi amor. Una vez y basta. Si me rechazas por tercera vez, condenaré tu alma al dolor eterno. Te pregunto amada por última vez, ¿serás mi reina?. Contéstame.
- ¿Cómo puedo ser tu reina? - Preguntó ella. - Por mi culpa, mi gente ya no existe, y mi ciudad es un yermo... Si me quedara junto a tí, cosas peores ocurrirían. Mortales y Eternos no se unen, mi amor. Ahora, déjame ir al reino de la abuela Muerte, y olvídame.

Y caminó por el camino sin Sol. Hacia el reino de la abuela Muerte.
Pero él la alcanzó.

- Por favor - Le suplicó.
- No me lo pidas otra vez. En ése caso tendré que rechazarte otra vez, y si lo hago, me condenarás al sufrimiento eterno.... Déjame, señor.

Pero el señor de los sueños es orgulloso.
Y por última vez, le pidió que fuese su esposa.

Ésta es la historia, es todo lo que hay.

Hay otra versión de la historia. Es la historia que se cuentan las mujeres en su lengua privada, que los niños no aprenden y que los viejos saben ignorar.
Y en ésa versión de la historia quizás las cosas ocurren de otro modo.
Pero claro, es una historia de mujeres, y nunca se cuenta a los hombres.


Historia extraída del volumen "La casa de muñecas", del cómic guionizado por Neil Gaiman: The Sandman